Vida, lenguaje y filosofía

6.28.2006

5.11.2006

5.09.2006

Triángulo

Hacer lectura continuamente del periódico da una perspectiva diferente de los acontecimientos, a diferencia de lo dado por televisión. Ayer 29 de abril (2006) encontré en la sección Nacional (aunque en realidad eran noticias internacionales) del Diario de Xalapa varios sucesos importantes , la mayoría ligados y que podría ubicar o catalogar bajo el tema sobre la izquierda en Latinoamérica.
Parece que me tocará vivir un momento histórico, de movimientos sociales, de más guerras y guerrillas, y aunque no parece diferente sí lo es cuando vemos a las comunidades y a los individuos estar dispuestos a protestar públicamente, a unirse para ese fin y organizarse, después de varias décadas de adormilamiento.
Probablemente el sistema económico neoliberalista no sea derrotado con una marcha o un boicot, pero ya tiene tiempo que se ha comenzado a criticar y estos movimientos sociales espero den pauta a reajustar el sistema, si no romper del todo con él, sí aprender a vivir mejor dentro de él, y eventualmente aguardar o contemplar la posibilidad de su fin.
Algunos sucesos en los últimos meses que ponen en duda la eficacia de la derecha son, algunos evidentemente de izquierda, la postulación para la presidencia de la República Mexicana de Manuel López Obrador con tendencias de izquierda populista, pero este no es un hecho aislado y que sólo nos debe de importar por afectarnos directamente, más bien puede ligarse a un contexto latinoamericano y a su vez mundial. En Cuba ya son varios años de comunismo experimentado, en Venezuela desde el principio del milenio subió Chávez al poder, Lula gobierna en Brasil, Evo Morales en Bolivia. Precisamente el 2006 se consolida como año de elecciones no sólo en México, también en Venezuela y Brasil, donde en los dos últimos países se está considerando la reelección como principal opción.
Hace dos o tres días se celebró en Cuba la reunión de Castro, Chávez y Morales para planear estrategias contra el imperialismo estadounidense. Al regresar a su país, Morales, como muestra de “entrega” al proyecto, nacionalizó el petróleo y gas natural tomando las refinerías de bolivianas y quitando concesiones a las inversiones extranjeras.
Chávez da a Cuba tanto crudo como gasolina y promete la construcción de carreteras en Bolivia, mientras que Castro exporta médicos y maestros a Venezuela. Aunque en Bolivia no hay la cantidad de petróleo ni la calidad educativa de los otros países su importancia radica en la unión de fuerzas para concretar un proyecto latinoamericano. Estos son sólo ejemplos de los cuales podemos encontrar más a lo largo de Suramérica, como en Nicaragua, Perú y Colombia que hacen todavía más compleja la situación, pero por ahora espero basten para mis intenciones. Los tres políticos mencionados concluyen claras acciones populistas en sus respectivos países, por esta razón es difícil pensar independiente el movimiento o las posturas de este tipo en México.
Con lo anterior no aseguro que sea un plan premeditado sino quiero señalar indicios de un intento de cambio del sistema político, económico y social.

Si a ello aunamos la creciente movilización social, como las marchas del 1 de mayo para la legalización de emigrantes en Estados Unidos, las hechas por estudiantes de secundaria y preparatoria en Chile a favor de un cambio educativo, las de los estudiantes franceses en contra de leyes laborales que los afectarían (ley del primer empleo), meses antes las que pedían tolerancia en ese país hacia los emigrantes, nos dan cuenta de la emergencia, en sentido de emerger y de urgencia, de una reflexión social, política desde una postura (lugar) y visión de los marginal, que puede traer sus repercusiones al ámbito de los establecido (establishment) para modificar las concepciones actuales, por ejemplo, de comunidad, progreso, desarrollo sustentable, en individuo, que en teoría ya se han reflexionado y criticado pero que hace falta incorporarlas a la práctica diaria, en donde cada quien puede valorar, poner en perspectiva, sus acciones entorno a una comunidad que le atañe.
Poniéndome pesimista replico lo anterior y abogo desde la historia por que los cambios en los sistemas políticos y económicos no son signo de progreso y finalmente que este concepto es una ilusión colectiva, de lo cual puedo decir entonces que un cambio no mejorará la vida ni en comunidad ni individual, pero a esto digo: no importa en sí el cambio sino la lucha que se hace, la reflexión y la acción, ya sea contra un sector social, una ideología, pero sobre todo contra uno mismo. Contra uno mismo, no me refiero a crear contradicciones internas sino a la valoración de diferente información que producirá una decisión. Precisamente esta capacidad de tomar decisiones es la que da sentido al cambio y no que éste sea el que tiene valor por sí mismo.